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EVENTOS INICIATIVA GEMI

II SEMINARIO GEMI SOBRE ENERGÍA Y CAMBIO CLIMÁTICO

3 DE SEPTIEMBRE DE 2014

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Artículo: "Economía y cambio climático, barbas a remojar", por Gabriel Quadri de la Torre (para El Economista).

ECONOMIA Y CAMBIO CLIMATICO, BARBAS A REMOJAR

Gabriel Quadri de la Torre (para El Economista) 

El viernes pasado la Cámara de Representantes de Estados Unidos aprobó una legislación histórica para reducir emisiones de gases de efecto invernadero. En el nombre lleva el alcance: Ley de Energía Limpia y Seguridad, conocida también como ley Waxman – Markey. Aunque a algunos puristas allende a la frontera les pareció corta, es difícil exagerar sobre sus alcances y consecuencias, primero económicas y políticas, después ambientales y climáticas. Con cerca de mil páginas, es una minuciosa construcción regulatoria y de nuevos mercados. Sector por sector económico (electricidad, petróleo y distintas ramas industriales) define objetivos y procedimientos obligatorios para reducir emisiones al 2012, al 2020 y al 2050, que agregados a nivel nacional apuntan al régimen internacional que sucederá al Protocolo de Kyoto en 2020.

Su instrumento más conspicuo es un sistema nacional de cap and trade. Se basa en la imposición de una trayectoria descendente de emisiones (cap) a lo largo del tiempo para todo el país y para cada sector, y de un mercado de permisos de emisión por tonelada de CO2 (trade) cuyas transacciones spot, futuros y derivados serán objeto de regulación. Los permisos de emisión serán subastados u otorgados directamente a empresas emisoras de CO2, o a empresas de servicios (eléctricas o distribuidores de combustibles). Al final, esto tendrá efectos equivalentes a un carbon tax. Es un nirvana de libro de texto para cualquier economista ambiental. La nueva legislación añade también planes y programas para reducir emisiones del transporte, la edificación y la vivienda, y usos del suelo, y crea reglas e incentivos inéditos para desarrollar energías renovables, crear redes eléctricas inteligentes y elevar la eficiencia energética.

La ley contempla la creación de offsets (bonos de carbono generados por proyectos) nacionales o importados de otros países y de sectores seleccionados (incluyendo el forestal), que cumplan con ciertos requisitos y metodologías. En forma explícita, prevé impuestos compensatorios para productos importados de países que no regulen sus emisiones, por lo que planta cara directamente a la OMC y al Tratado de Libre Comercio de América del Norte. Estas medidas, apuntan obviamente a los principales socios comerciales de los Estados Unidos (China, Canadá y México) como presión para participar en el nuevo régimen post – Kyoto, y ante la necesidad de darle fuerza coactiva a los acuerdos ambientales multilaterales. Se deriva evidentemente de temores de pérdida de competitividad.

Con esta ley, la política climática y ambiental dejó de ser asunto de biólogos e ingenieros. Ahora es terreno casi exclusivo para economistas. México, vecino y parte del TLC, treceava economía y décimo emisor del mundo, debe poner sus barbas a remojar.

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